Finanzas personales: trucos para aprovechar el dinero al máximo

Llegar a fin de mes parece todo un desafío. Ni que hablar de tener un “colchón” de plata para emergencias o ahorros tanto para las vacaciones como también para sentir el futuro un poco más asegurado. ¡Pero no desesperes! Si sos uno de los afortunados que cuenta con un salario fijo, estos consejos sobre las finanzas personales te ayudarán a que tu dinero rinda un poco más. También podés visitar el siguiente link para mayor información, el sitio personal de un financista, Christian Silbergleit.

Las finanzas personales y las prioridades

No todo en la vida queda sujeto a arbitrariedades. Las finanzas personales, más allá de que respondan a diversos objetivos, tienen que procurar cubrir, en primer lugar, las necesidades de subsistencia. ¿Cuáles son? Pues, como su nombre lo indica, aquellas cosas que necesitamos para vivir, literalmente.

Antes de gastar un céntimo de tu salario, debes establecer tus prioridades: techo, comida y acceso al trabajo.

En caso de que vivas en una gran urbe, debes tener en cuenta el transporte ya que es fundamental para llegar a tu trabajo que es, a su vez, la fuente de tus ingresos.

Lo más recomendable es hacer un presupuesto mensual de todo el dinero que estos gastos conllevan y separar ese monto apenas tengas tu sueldo en mano. De esta manera, tendrás garantizadas las necesidades básicas hasta el próximo día de cobro.

La honestidad y los presupuestos

A la hora de agarrar una birome y un papel o una planilla de Excel para establecer, por ejemplo, los costos mensuales en comida y bebida, es menester no mentirse a uno mismo. ¿Esto qué significa? No redondear para abajo: si luego la realidad es más costosa, la plata no te va a alcanzar. Tan simple como eso.

Ser honesto implica también definir cabalmente en qué cosas se gasta y cuánto valen cada una. Si almorzás todos los días afuera, no armes tu presupuesto como si comieras arroz blanco en la cocina de tu casa bajo la excusa de que “este mes será diferente”. Lo único que conseguirás es quedarte sin un peso en el día quince.

Los fondos de emergencia

Una vez presupuestadas las necesidades básicas, antes de comprarte ese vestido del cual te sentís enamorada o esa remera que, según vos, te seduce desde la vidriera, debes presupuestar un fondo de emergencia.

Lamentablemente, todos los meses nos pueden suceder imprevistos que impliquen un gasto extra que no teníamos contemplado – un electrodoméstico que deja de funcionar, aumento de las expensas del edificio, un viaje urgente de carácter familiar, medicinas que no cubren las obras sociales, etc.- y es mejor estar prevenido que salir corriendo a pedir dinero prestado.

Otra vez: la honestidad es fundamental. Una noche con amigas en un bar del centro no es una emergencia. Un vino caro tampoco. Ni zapatos para ese día especial, ni una escapada de fin de semana, sin importar tu nivel de estrés.

Las tarjetas de crédito

Qué emoción nos genera ese pequeño plástico que guardamos en la billetera ¿verdad? Es como un cosquilleo cada vez que navegamos por Internet y vemos ofertas a lugares paradisíacos por 16 cuotas a un precio que, visto así, no parece tan caro. Hasta nos parece sumamente accesible. Y es más, ¡una ganga! Pensamos que incluso a las últimas cuotas nos las termine regalando la inflación.

Pues, no. Las tarjetas de crédito deben ser administradas con respeto y cuidado. ¿Ese celular que tanto te gusta tiene una cuota mensual que no implica ni dos cervezas en un bar? El problema es que esa cuota se te sumará con otras cuotas iguales y terminarás con un resumen que no podrás pagar ni con la herencia de Tío Rico.

Las tarjetas de crédito son tentadoras, sí. Nos dan la sensación de que las cosas que compramos, en realidad, son gratis. Pero no lo son. De hecho, son más caras, ya que suelen pagarse intereses y también el mantenimiento de la misma tarjeta.

Lo ideal es usar las tarjetas de crédito para lo que realmente son útiles: por ejemplo, ese electrodoméstico que, de otra manera –en efectivo, por su valor total- nunca, jamás, te podrías comprar.

Un consejo que, puede sonar un poco exagerado pero que es sumamente útil, es sacar la tarjeta de la billetera y dejarla en casa. Del mismo modo no es recomendable dejar los datos de tu tarjeta en páginas de Internet, no por riesgo a una estafa, sino para pensar dos veces y fríamente ante el impulso de hacer clic en el botón gigante de compra.

Las compras compulsivas

Dejando la tarjeta de crédito de lado, cuando tenemos todo nuestro sueldo en la cuenta del banco nos sentimos Rockefeller. No te dejes engañar: no lo eres. No está mal darse un gusto de vez en cuando ya que, en definitiva, ¿para qué trabajamos entonces? Pero estas compras deben estar debidamente justificadas.

Antes de sacar la billetera, debes pensar seriamente si lo necesitas, si realmente lo quieres, si le vas a dar uso, si te encanta. Cuando tengas en la mano eso que -en ese instante crees- tanto deseas, toma un respiro profundo y acuérdate de lo terrible que es estar a diez días de cobrar sin un céntimo en el bolsillo. De lo mal que la pasas cuando, llegando a fin de mes, haces una división matemática y sacas el presupuesto de cuánto puedes gastar por día, cuyo resultado no alcanza ni para un paquete de papas fritas diario.

Un tip que puede servir es realizar un listado de cosas que quieres comprar e ir adquiriéndolas de a poco a medida que pasan los meses. De esta manera, no estarás frustrado por no poder comprarte nunca nada ni tampoco te gastarás todo tu sueldo en compras de las que luego te arrepientes.

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